La ambigua y sutil Aki Shimazaki

La escritora Aki Shimazaki (Japón, 1954), autora de Hôzuki, la librería de Mitsuko.

Seguimos con el relato de lo acontecido en nuestra sesión del sábado 13 de enero. Aki Shimazaki, de origen japonés lleva 25 años viviendo en Montreal y escribe en francés. Es una mujer discreta, rechaza las entrevistas porque cree que son sus libros los que han de hablar. Para escribir Hôzuki, la librería de Mitsuko, se inspiró en una historia que escuchó hace más de cuarenta años sobre un bebé hallado muerto en una consigna.

Elegimos esta novela porque nos gusta cómo está escrita, es sutil, ambigua. No juzga, solo cuenta, y cuenta lo que quiere, deja cabos sueltos. Nos dio mucho juego para el debate, os dejamos un resumen de la diversidad de opiniones. Los que todavía no la hayan leído es mejor que no sigan leyendo esta entrada, cuanto menos sepan de la novela antes de leerla, mejor.

Es una novela muy distinta a lo que leo habitualmente, libros más densos. Muy minimalista, habla de muchas cosas: de la maternidad, del aborto, del pasado que vuelve, etc. 

Me ha interesado mucho porque te mantiene alerta, ya en la primera página te atrapa: Distraída, rememoro la escena en que yo corría estrechando un bebé entre mis brazos. En la página 17 insiste: Corro en la nieve estrechando un bebé entre mis brazos. Tiene un halo de misterio que te hace seguir leyendo para averiguar hacia donde te lleva.

La forma de escribir, frases cortas, rotundas, me ha recordado a la escritura de Agota Kristof. Me ha gustado mucho. /  Las 135 páginas de la novela muestran un mundo muy contenido, cierto erotismo y ambigüedad. Con ecos del haiku.

Las ocurrencias del niño son magníficas, páginas 36 y 37. A propósito de qué es la confesión. ¿Incluso si le robo dinero a alguien el cura no se lo dirá a la policía?

La protagonista me cae fatal, no empatizo con ella. 

La historia me ha interesado, la protagonista hace lo que le da la gana y eso me gusta.  / A mí no me ha gustado y no entiendo a la protagonista, huye de las ataduras y luego se queda con un niño sordomudo. No me ha resultado creíble la historia. / Es muy heavy, es mantener una mentira toda la vida. 

Ojalá la lleven al cine, es una historia cautivadora.

A mi me ha llevado a interesarme por la cocina japonesa, he buscado en Youtube los platos que menciona: takoyaki, okonomiyaki y kasutera (bizcocho de miel esponjoso).

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La librería de Mitsuko

Bizcocho de zanahoria, yogur (de los de la antigua yogurtera) y café con leche. Y luego nos encerramos con un libro en un rinconcito. El móvil en modo silencio.

Hoy estrenamos una nueva categoría que hemos bautizado Experiencias de lectura. Hablaremos de libros que nos han entusiasmado pero que en nuestra opinión precisan ciertas condiciones para que la experiencia de lectura resulte más placentera. A veces vamos tan rápido que todo lo leemos igual, y no, hay libros que merecen cierto sosiego. Consiguen crear imágenes poderosas y nos introducen en una atmósfera especial, cada vez que interrumpimos la lectura salimos de esa atmósfera y se pierde la magia. Al retomar la lectura cuesta entrar de nuevo. Aquellos que piensan que un libro sirve para coger el sueño por la noche, abstenerse. ¡Esto es una delicatessen, no un somnífero!

Pues bien, inauguramos la sección con Hôzuki, la librería de Mitsuko (Nórdica, 2017). Una novelita de apenas 135 páginas que calculamos se lee en un par de horas. Escrita por una profesora de japonés residente en Canadá, Aki Shimazaki (Japón, 1954). Está contada en primera persona por Mitsuko, la dueña de la librería que mientras realiza sus quehaceres cotidianos va rememorando el pasado. De escritura contenida, sutil, requiere calma, consigue crear una atmósfera de reposo, de lento caminar. Desde la primera página deja caer un misterio que no se resuelve hasta el final. Así empieza: Coloco en el escaparate unos libros de ocasión que acabo de comprar. Son más o menos las cuatro de la tarde y empiezan a caer copos de nieve…

¿Cuál es la experiencia? Pues que hay que leerla de un tirón, sin interrupciónes. Desayunas o meriendas tranquilamente y luego te encierras en un rincón de tu casa donde tengas asegurada cierta intimidad y a leer. Ni que decir tiene que sirve también una hamaca en el jardín (el que tenga jardín). Una vez cierres la novela, te quedarás dándole vueltas… y si te apetece profundizar te recomendamos esta crítica de Manuel Hidalgo en El Cultural. Nos gustaría mucho que nos enviarais otras experiencias de lectura que podamos compartir aquí. Pequeños trucos para hacer de la lectura una experiencia todavía más plena. ¡Que aproveche!